sábado, 25 de febrero de 2012

LA MUERTE, A FAVOR O EN CONTRA; POR ENRIQUE GARCÍA-MAIQUEZ.

La muerte, a favor o en contra


Dos libros recién publicados comparten tema y, en principio, nada más. Los dos tratan de la muerte, pero mientras que Elias Canetti en el Libro de los muertos (Galaxia Gutenberg, 2011), recopilación de notas tomadas durante toda su vida sobre el particular, se encara con ella, dispuesto a presentarle una batalla sin cuartel; el filósofo francés Fabrice Hadjadj con Tenga usted éxito en su muerte (Nuevo Inicio, 2011), nos presenta la muerte como la puerta del éxito.

"En realidad, mi libro sobre la muerte es un libro sobre la alegría", exulta Hadjadj. Y en realidad el libro de Canetti lo es sobre la desesperanza. El primero construye su visión sobre la fe y por eso puede preguntarse: “¿Dónde está muerte tu victoria?”, y dar hasta siete contundentes motivos por los cuales la existencia de la muerte es un regalo. El segundo escribe desde el agnosticismo y contempla con angustia que la victoria de la muerte será total, aunque él, heroicamente, no piense rendirse.

Ambas posturas tienen su reflejo —en ambos casos estamos ante literatos de raza— en el estilo. El libro de Canetti no es propiamente un libro, sino las notas que fue tomando durante toda su vida para un texto definitivo que enfrentase a la muerte en todos los campos. El hecho de que no lo escribiera demuestra hasta qué punto veía inútil su lucha. El libro de Hadjadj es un ensayo extenso, que no tiene reparos en regodearse en digresiones, en pequeñas narraciones, en citas, en continuos juegos de palabras y en bromas, macabras o inocentes, incesantes.

Sin embargo, bajo tantas y tan evidentes diferencias hay un fondo común, que es la clave: la apuesta decidida por la vida. En Hadjadj por la vida eterna (ese es el éxito en la muerte que nos propone) y en Canetti por la vida que quiere ser eterna. De hecho, tiene algunos apuntes a favor de la idea del infierno por el simple hecho de que al menos viene después de la muerte. Ambos rechazan con radicalidad el suicidio. Canetti llega a escribir: “No he perdonado de verdad ningún suicidio. Aborrezco al floreciente abogado de la muerte”. No se le escapan al sagaz Canetti ciertas coincidencias suyas con la visión judeo-cristiana: “¿Por qué el salmista odia la muerte como sólo yo la aborrezco?”, y reflexiona sobre la muerte de Cristo con una emocionada admiración. Y ambos piensan queuna hora o incluso un segundo más de vida merecen la pena y pueden significar una inmensa opurtunidad. 

Pero la más sorprendente coincidencia estriba en la concepción de la muerte del hombre como un martirio o un sacrificio religioso. Brevemente lo apunta Canetti: “Todos los moribundos son mártires de una futura religión universal”; y lo explica muy bien Hadjadj: “Todo hombre está obligado a morir voluntariamente. No es que todo hombre quiera morir, sino que, frente a una muerte ineluctable, la voluntad siempre tiene libertad para la rebelión o el consentimiento. […] Cuando se reflexiona en profundidad no hay más que una alternativa entre dos especies radicalmente opuestas de muerte voluntaria: el suicidio y el martirio".

Sin negar la utilidad de ambos libros como ars moriendi, su gran valor es como modus vivendi: nos ayudan a mirar de frente a la muerte. Y como nos avisó Heidegger, "la aceptación total de la angustia de la muerte en la anticipación del morir es la única manera de ser auténtico", o dicho en plata: sólo tenemos una vida intensa y humana si contamos con su final y lo vamos viendo venir. “Sin esa gravedad de la muerte, estaríamos condenados a la charlatanería y a la mundanería”, advierte Hadjadj. Quizá para prevenirnos contra esa vida insulsa gastó Jean Paulhan su broma: "¿La muerte? Vamos a ver si yo vivo hasta entonces”. Una broma muy seria. 

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