domingo, 26 de abril de 2015

* DESDE VILLALUENGA: DÍAS EN LA TRANQUILA INTIMIDAD.



Se puede decir a modo de resumidas cuentas que el tiempo ha definido el ánimo.

Ha sido este fin de semana que está a punto de claudicar muy tranquilo, solitario, íntimo a la vez que familiar.

Llegamos el viernes con cierto calor y buen tiempo a nuestro bendito pueblo de Villaluenga del Rosario. Antes habíamos hecho la parada reglamentaria para almorzar en la Venta Mesa Jardín, en el cruce de Las Abiertas, donde fuimos mimados, como siempre, por Irene y Córdoba. La verdad es que ya nos sentimos de la familia y así nos hacen sentir.

Cuando ya nos encontrábamos instalados me puse manos a la obra para actualizar el blog y en menos de una hora darle el "carpetazo" final pues cuando estoy en mi pueblo me gusta gozar de él sin más distracciones.

Tengo que reconocer que tanto Hetepheres como yo hemos llegado al límite al fin de semana y el agotamiento tanto físico como mental hizo que nuestros cuerpos se desplomaran sin apenas haber dado un solo paso. No obstante nos fuimos a dar un breve paseo en el cual aprovechamos para comprar algunas cosillas en "La Covacha" y así pudimos charlar animadamente un ratito con Diego e Inma.

Vuelta a casa, cambiarnos, para después sentados en nuestros sillones, con la tenue luz que entraba por la ventana pues ya el sol hacía bastante por el Caíllo y la claridad se iba volviendo por minutos que pasaban en oscuridad, nos dispusimos a leer tranquilamente, disfrutando de cada renglón, sumidos cada uno en esa historia que nos contaba el autor y que nosotros hacíamos nuestra como si la viviéramos en primera persona. Todo este momento de descansado placer, de degustar esos minutos que fueron horas no hubiera sido lo mismo sin una copa de buen brandy al alcance de la mano.

Al poco eran poco más de las diez de la noche que fue cuando subí a la planta de arriba para publicar el interesante artículo de todos los viernes de mi querida y buena amiga Mara Herrera.

Cena ligera, ver algo la televisión y acostarnos fue lo siguiente que pasó y que dio paso a un nuevo día.

Noche y madrugada de sueño intenso, plácido, tranquilo, sin horarios ni compromisos dio paso a un nuevo sábado. Reconozco que hacía mucho tiempo que no me quedaba profundamente dormido hasta las diez y media de la mañana aunque como no tenía nada previsto me dio mucha alegría pues suponía que el necesario descanso estaba produciéndose.

El tiempo había cambiado, unas nubes iban aproximándose por la manga que hacía prever cierta segura inestabilidad. Hetepheres fue a desayunar mientras yo me quedé en casa actualizando el blog, escribiendo un poco e ingería mi particular desayuno en la placidez del hogar y con un cargado café con leche.

Cuando me asomé a la puerta para despejarme vi a mi querido amigo Antonio Benítez que estaba cortando las malas hierbas. Al poco estábamos los dos conversando de esos temas que tanto nos interesan en el salón de casa hasta que tuvo que irse para atender una obligación.

En minutos llegó Hetepheres y me dio recuerdos de Mateo Venegas así como de Alex. ¡Hacía tanto tiempo que no desayunaba en casa!

Llamamos a Miguel Ángel que se encontraba en una de sus caminatas y quedamos en vernos en Misa para después dar una vuelta por la glorieta. Salimos a dar un pequeño paseo aunque Dios nos tenía deparado algo mejor. Nos encontramos con un buen y querido amigo que nos invitó a su casa a tomar una copa de vino mientras su mujer nos ponía una tapita. Le preguntamos por la familia y estuvimos charlando hasta cerca de las tres y media de la tarde cómoda y plácidamente.

Bajé a casa, almorzamos y me puse a escribir y rematar el blog pues no quería tener más compromiso que disfrutar de un día familiar en medio de la buena amistad.

Acudimos a Misa que se había trasladado a las siete de la tarde porque el Párroco, D. Francisco Párraga, estaba muy liado con las comuniones en el Colegio de la Compañía de María en Jerez de la Frontera para después encaminarnos a dar un buen paseo por la glorieta con nuestro querido Miguel Ángel Pacheco. Las conversaciones se iban sucediendo, las risas también, mientras nos encontrábamos con el ganado de cabras de Diego Franco. Así en medio de un cielo cada vez más gris que anunciaba agua y una brisa de aire fresco que nos lo iba confirmando, nos sentamos en el último de los bancos para descansar, charlar y perder la mirada en ese horizonte que parece infinito y que en Villaluenga parece tan cercano. 

Allá a lo lejos se divisaba a Diego  Franco y a sus hijos Gabriel y Diego con el rebaño de cabras entre el verde oscuro de los prados y del campo que solamente se rompía con el gris austero de la inmensidad de las montañas.

La vuelta más pausada y tranquila que la ida pues en el camino y en ese banco quedaron muchas palabras, conversaciones y sentimientos.

Al llegar al pueblo pude distinguir que un inmenso manto gris había envuelto el Caíllo hasta casi hacerlo desaparecer pareciendo una postal llena de romanticismo. Nos dirigimos para "La Posada" para cenar y seguir estando juntos que a la fin y a la postre es de lo que se trataba.

Al final acabamos Miguel Ángel y yo tomando la última copa en la barra mientras Hetepheres ya se había ido para casa.

Había llovido cuando salí y las calles se encontraban desiertas a pocos minutos de dar las doce de la madrugada.

Llegar a casa, cambiarme para ponerme el pijama, ver como iba el blog y los correos que había recibido y acostarnos para leer un rato a modo de casapuerta al profundo sueño que nos iba envolviendo. Otra noche de plácido descanso y sueño profundo hizo que para mí el domingo empezara sobre las diez de la mañana.

Día de intensa y pertinaz lluvia donde las nubes invadían todo el pueblo haciéndolo parecer una imagen de postal de otros tiempos. Mientras Hetepheres se duchaba y arreglaba yo actualizaba el blog. 

A mediodía subimos pues queríamos ver a Miguel Ángel, cogimos el coche por la intensidad de la lluvia, y nos fuimos a tomar algo en "La Posada". ¡Qué buen rato hemos echado con María Jesús, Berna, Julio, Miguel Ángel, Carlos! ¡Risas y más risas, anécdotas tras anécdotas hizo que se consumiera el tiempo sin apenas percibir y notar que había pasado!

Después de despedirnos nos fuimos para casa, a eso de las dos de la tarde, y allí nos esperaba Canijo que se encontraba maltrecho debido a una pelea con otros gatos en sus nocturnas correrías. Ya estuviéramos leyendo, escribiendo o terminando de almorzar este precioso, mullido y zaherido gatito se encontraba felizmente en nuestros regazos.

Cuando nos quisimos dar cuenta ya era la hora de volver, con la frente marchita como diría Gardel, a Jerez, a empezar una nueva semana que aunque más corta hace que nos separemos del lugar donde somos y nos sentimos felices, donde nos encontramos calor de hogar a la vera del Caíllo que nos protege de todo lo malo que puede venir de donde quiera venir.

Fin de semana tranquilo, muy tranquilo, solitario aunque nunca en soledad, íntimo, de uno, donde hemos podido seguir compartiendo horas y horas con nuestros queridos amigos a los que queremos de verdad. 

Fin de semana que se ha echado en falta a Juan, Mara, Rodrigo, Fernando y también a Beltrán y Maya.

Fin de semana donde la inmensa tranquilidad se torna en un abrazo con la amistad, la hospitalidad, el sentirse dentro de la pequeña-gran Familia de Villaluenga del Rosario.

Con un fraternal abrazo os deseo todo lo mejor para esta semana próxima que está a punto de comenzar.

Jesús Rodríguez Arias

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